Las primeras evidencias de fracciones aparecen en los papiros egipcios de alrededor del 2000 a.C., donde se utilizaban unidades de fracción como 1/2 y 1/4 para dividir granos y tierras. En Babilonia, las tablillas cuneiformes mostraban fracciones sexagesimales, y los griegos, con Euclides y los pitagóricos, empezaron a formalizar la noción de números racionales, sentando las bases para la simplificación de los valores.
Durante la Edad Media, matemáticos del mundo islámico como Al‑Khwārizmī y al‑Jayyānī perfeccionaron algoritmos para reducir fracciones y describieron criterios de coprimalidad. En el siglo XIX, la teoría de números consolidó estos conceptos, y las academias comenzaron a incluir advertencias pedagógicas contra la simplificación automática. A principios del siglo XXI, la frase “No te dejes enganchar por fracciones simples” apareció en guías de estudio de EE. UU., señalando la necesidad de análisis crítico antes de reducir.